Siempre quise compartir mi día a día con un perro, hasta que con mis 10 años, Simba, llego a mi vida para regalarme 16 magníficos años que me marcarían para siempre.
Responsabilidad, lealtad y cariño son algunos de los valores que hizo florecer y, por tanto, inculcó en mí. Mi objetivo siempre fue intentar que tuviera una vida plena y traté de informarme al máximo para que así fuera. Esta preocupación por su bienestar es lo que hoy día mantengo con toda mi familia animal y es el objetivo a transmitir a todas las familias que cuenten con mi ayuda.
Simba siempre fue un perro 10, no pude tener mayor suerte, fue un cachorro loco, como todos, pero según maduraba se iba convirtiendo en el gran amigo que había soñado.
Por desgracia, llevo varios años sin disfrutar de la compañía física de Simba, porque mentalmente siempre me acompaña… pues hace un tiempo, silencioso, tranquilo, y sin dar un ruido, como siempre, nos despidió. A día de hoy, mis ojos se inundan de lágrimas de felicidad al recordar su forma de ser, sus manías, sus ruidos y lo especial que era… nunca lo olvidaré 🙂


















Son incondicionales, nos conviene tratarlos bien, ayudarles en sus dificultades, forjar recuerdos de por vida que serán inolvidables 🥹🩵